Con menos de una docena de ejemplares, la supervivencia de la especie más amenazada del planeta ya no puede depender solo de México.
ARTÍCULO LIBRE.– A pesar de décadas de esfuerzos, la vaquita marina (Phocoena sinus) sigue navegando hacia el abismo de la extinción. Con apenas entre 10 y 12 individuos en libertad, esta especie endémica del Alto Golfo de California representa una tragedia ambiental que trasciende fronteras y exige corresponsabilidad internacional.
José Carmelo Zavala Álvarez, director del Centro de Innovación y Gestión Ambiental México A.C., explicó que aunque México ha implementado herramientas como el monitoreo genético y el análisis de ADN ambiental para rastrear a la especie, los esfuerzos siguen siendo insuficientes. “La población apenas se mantiene, pero el riesgo es extremo”, advirtió.

El principal enemigo de la vaquita es la pesca ilegal de totoaba, impulsada por el alto valor de su buche en mercados asiáticos, especialmente en China. Aunque existen avances como el cultivo legal de totoaba en granjas, el tráfico ilegal persiste, alimentado por redes internacionales que van más allá del control mexicano.
Otro factor crítico es la alteración del ecosistema por la ausencia de agua dulce del río Colorado, cuyo cauce fue interrumpido tras la construcción de la presa Hoover. “Sin el aporte del río, el Alto Golfo pierde nutrientes vitales y la vaquita queda expuesta a un ambiente cada vez más hostil”, agregó Zavala.
Ante este panorama, el llamado es claro: Estados Unidos y China, actores clave en esta cadena, deben asumir su parte. El próximo conteo poblacional será decisivo, pero sin una respuesta global inmediata, la vaquita marina podría convertirse en símbolo del fracaso colectivo ante la extinción.
