Con un guion sólido, una dirección precisa y el impecable regreso de sus cuatro protagonistas, la serie de Apple TV vuelve a demostrar que todavía hay historias del México de los 70 que necesitan ser contadas.
ARTÍCULO LIBRE.- Hay series que regresan para repetir una fórmula y hay otras que entienden perfectamente qué funcionó la primera vez para llevarlo un paso más allá. “Las Azules” pertenece a la segunda categoría. Su segunda temporada conserva el suspenso, el drama y el humor que caracterizaron a la primera entrega, pero ahora se atreve a mirar de frente uno de los periodos más complejos de la historia reciente de México.
Creada por Fernando Rovzar y Pablo Aramendi, la serie retoma la historia de María, Valentina, Gabina y Ángeles, las cuatro mujeres que formaron parte del primer cuerpo policial femenino de México. En la primera temporada tuvieron que demostrar que podían hacer el trabajo de sus compañeros hombres; ahora, ya dentro de la institución, descubren que el verdadero problema puede estar precisamente en el sistema al que juraron servir.
Un México de los 70 que se siente real

Uno de los grandes aciertos de esta temporada es su recreación del México de los años setenta. La ambientación no funciona simplemente como decoración: forma parte de la historia.
La investigación de las Azules las conduce hasta acontecimientos relacionados con la masacre estudiantil de 1968 y el Halconazo de 1971, hechos históricos que sirven como punto de partida para desarrollar una historia de ficción sobre violencia, corrupción, silencios y verdades incómodas. Apple TV confirma que el caso central de la temporada conecta directamente con la masacre de 1968.
El propio Rovzar ha explicado que desde la concepción de la serie quería llegar eventualmente a Tlatelolco y al Halconazo, pero primero necesitaba construir a sus protagonistas y el universo de la policía.
Y aquí está uno de los mayores méritos: la serie utiliza la historia sin convertirse en una clase de historia. Los acontecimientos reales funcionan como combustible para el thriller.
Las Azules vuelven a ser el corazón

Bárbara Mori, Natalia Téllez, Amorita Rasgado y Ximena Sariñana regresan como María, Valentina, Gabina y Ángeles, respectivamente, y nuevamente demuestran que el verdadero motor de la serie está en ellas.
Las cuatro tienen personalidades perfectamente diferenciadas y, quizá más importante, cada una continúa evolucionando. Ya no son las mujeres que intentaban encontrar un lugar dentro de una corporación que no las quería; ahora tienen experiencia, pero también nuevas dudas, conflictos y responsabilidades.
El resto del elenco tampoco desentona. Miguel Rodarte, Leonardo Sbaraglia, Christian Tappan, Horacio García Rojas y Bruno Bichir complementan una producción que entiende que los personajes secundarios también necesitan peso dramático.
Guion y dirección: una combinación que funciona

El guion sabe dosificar los misterios y evita entregar todas las respuestas demasiado pronto. Hay giros, investigaciones, conflictos personales y muy pocos cabos sueltos.
La dirección de Rovzar mantiene un ritmo ágil y consigue que los ocho episodios se sientan parte de una misma historia, sin perder el desarrollo individual de sus personajes. Incluso cuando la trama se vuelve más política y oscura, “Las Azules” nunca abandona su identidad como thriller policial.
Y eso hace que sea una de esas series que fácilmente pueden atraparte desde el primer capítulo.
¿Habrá una tercera temporada?

Hasta ahora, Apple TV no ha anunciado una tercera temporada. La segunda entrega terminó el 30 de septiembre y dejó, al menos para este espectador, una sensación muy clara: queremos más de Las Azules.
Porque cuando una serie consigue combinar un estupendo guion, una gran dirección, un elenco en estado de gracia y una recreación tan convincente de una época fundamental para entender al México contemporáneo, lo único que queda después del último episodio es esperar que las puertas de la estación vuelvan a abrirse.
“Las Azules” regresó para resolver un nuevo caso, pero terminó demostrando algo más importante: que todavía existen historias mexicanas capaces de sorprendernos, entretenernos y, al mismo tiempo, hacernos mirar hacia nuestro propio pasado.
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