Escenario indignante: cuando la deliberación cede al puño en la Cámara Alta
ARTÍCULO LIBRE.- Durante la más reciente sesión de la Comisión Permanente del Senado, el ambiente se tornó violento cuando el dirigente nacional del PRI, Alejandro “Alito” Moreno, confrontó físicamente al presidente de la Mesa Directiva, Gerardo Fernández Noroña, luego de que supuestamente no se le concediera la palabra. El incidente ocurrió justo tras entonar el Himno Nacional, cuando “Alito” tocó el hombro de Noroña para insistir en su derecho a intervenir, provocando empujones que escalaron hasta una confrontación en la tribuna.

La tensión continuó tras el entonamiento del himno: Moreno jalaría al morenista “No me toques”, replicó Noroña. La situación degeneró con la intervención de otros legisladores para evitar una trifulca mayor. Incluso se reportó un empujón del diputado priista Carlos Gutiérrez Mancilla contra Noroña, quien denunció que algunos priistas actuaron como “porros” en este episodio, calificado por él como agresión clara a la Presidencia del Senado.

Este episodio reviste una gravedad simbólica: exhibe el nivel al que ha descendido la conducta de algunos legisladores mexicanos. En lugar de diálogos y debate, prevalecen jalones, empujones y confrontaciones físicas al interior de la principal institución legislativa del país. Este comportamiento refleja una tendencia preocupante: la banalización del Parlamento como foro civil, sustituida por estallidos emocionales y pugnas personales.
En México, el Senado debería ser un espacio para el intercambio de ideas, pero cuando figuras como Moreno y Noroña confunden la actuación democrática con el espectáculo agresivo, el precio lo paga la ciudadanía y la credibilidad de sus representantes. Hoy esos puñetazos, más que marcar contundencia política, marcan un bajo corte en la dignidad institucional del Senado.
