Brad Pitt brilla en una película visualmente impactante, que aunque predecible en su historia, logra emocionar gracias a sus actuaciones y espectacular producción pensada para IMAX.
ARTÍCULO LIBRE. – F1, la esperada cinta dirigida por Joseph Kosinski (Top Gun: Maverick), llega con todo el rugido de los motores y el glamour del paddock, envuelta en una producción ambiciosa que se siente como un homenaje moderno al automovilismo.

Filmada con cámaras IMAX y utilizando locaciones reales en circuitos de Fórmula 1 alrededor del mundo —incluyendo Silverstone, Hungaroring y el icónico circuito de Spa-Francorchamps—, la película es un deleite visual tanto para fanáticos del deporte como para el público en general.

En el centro de la historia está Sonny Hayes, interpretado por Brad Pitt, un piloto veterano retirado que regresa a las pistas para guiar a un joven talento y ayudar a un equipo en apuros a recuperar su antigua gloria. Si bien el guión sigue una fórmula conocida —la del maestro que regresa por última vez para cerrar su ciclo y enseñar algo al aprendiz—, la fuerza de F1 no radica tanto en la originalidad de su argumento, sino en cómo está contada.

Brad Pitt, como era de esperarse, eleva el material. Aunque el papel no exige un rango emocional complejo, su carisma, presencia y naturalidad ante la cámara hacen que su personaje se sienta genuino y entrañable. Se nota que se tomó en serio el proyecto, y literalmente carga la película sobre sus hombros, combinando la experiencia de un actor consagrado con la frescura de un rol dinámico.

Javier Bardem también destaca con una interpretación sólida y matizada como el dueño del equipo. Su personaje, aunque más contenido, es interpretado con una sutileza que recuerda por qué Bardem es uno de los actores más completos de su generación. En sus manos, cada escena tiene peso, incluso cuando no hay diálogo.

La película brilla técnicamente: el trabajo de fotografía logra capturar la velocidad de los monoplazas sin sacrificar claridad visual, y el diseño sonoro, potenciado por las salas IMAX, permite sentir el rugido de los motores como si estuvieras en el pit lane. Hay secuencias de carrera que son simplemente espectaculares.

Pero más allá del espectáculo, F1 también se siente como un guiño a los fans. En los últimos años, la Fórmula 1 ha experimentado un resurgimiento en popularidad gracias a las redes sociales y series como Drive to Survive, lo que ha generado una nueva base de seguidores global. La película capitaliza muy bien esto: hay fan service bien colocado, detalles técnicos que agradarán a los entendidos y una estética moderna que conecta con las nuevas generaciones sin perder el respeto por la historia del deporte.

El único punto flojo, además de su predecibilidad, es que algunos personajes secundarios se sienten poco desarrollados, y ciertas subtramas quedan en segundo plano. Sin embargo, un giro inesperado hacia el final rompe con el molde justo a tiempo, dándole un cierre satisfactorio y algo más emocional de lo esperado.

F1 es una película entretenida, visualmente impactante y muy bien actuada. No reinventa el género, pero sabe jugar bien sus cartas. Y con un Brad Pitt al volante, difícilmente podía salir mal.
🎬 F1 se estrena el próximo 26 de junio en cines, y si tienes la oportunidad de verla en IMAX, hazlo. Vale cada segundo de aceleración.
