Una criatura de la mitología nórdica llega a la pantalla grande en un thriller de terror que combina misterio, paisajes impresionantes y una amenaza oculta bajo el agua.
ARTÍCULO LIBRE.- ¿Qué pasaría si una de las criaturas más aterradoras de las leyendas marinas realmente existiera? Esa es la inquietante premisa de Kraken, la película noruega dirigida por Pål Øie que lleva al cine el mito de un monstruo gigantesco capaz de convertir las profundidades del océano en una auténtica pesadilla.
Ambientada en el Sognefjord, considerado el fiordo más profundo de Noruega, la cinta mezcla acción, suspenso y terror para construir una historia en la que la naturaleza esconde mucho más de lo que los seres humanos imaginan.
Un misterio que comienza bajo el agua
La historia sigue a Johanne Berge, una bióloga marina que llega a una pequeña comunidad para investigar una serie de fenómenos inexplicables. Peces con comportamientos extraños, sonidos provenientes de las profundidades y una serie de acontecimientos trágicos comienzan a encender las alarmas.
Lo que inicialmente parece un problema ambiental relacionado con una granja de salmones y el uso de tecnología de sonar pronto toma un rumbo mucho más aterrador.
Las pistas conducen hacia una posibilidad que parece sacada de las leyendas: el Kraken, una criatura marina de dimensiones colosales que, según el folclore escandinavo, habita en las profundidades y es capaz de destruir todo lo que encuentra a su paso.
Mientras Johanne intenta encontrar una explicación científica, la amenaza comienza a demostrar que existen fuerzas que podrían escapar por completo del entendimiento humano.
El regreso de un monstruo con raíces noruegas
Aunque el Kraken forma parte del imaginario popular internacional, sus raíces están profundamente vinculadas con las leyendas marítimas del norte de Europa.
La película busca recuperar esa conexión con Noruega y alejarse de la representación convencional de los monstruos cinematográficos para construir una historia con identidad propia.
El director Pål Øie encontró inspiración en los relatos históricos sobre la criatura, incluidas las descripciones asociadas al obispo danés Erik Pontoppidan durante el siglo XVIII.
Para el cineasta, llevar nuevamente al Kraken a los fiordos noruegos significaba explorar una leyenda desde el entorno donde adquirió parte de su identidad cultural.
El resultado es una propuesta que combina el misterio del folclore, el suspenso y el espectáculo del cine contemporáneo de monstruos.
Los fiordos noruegos: belleza y peligro
Uno de los principales atractivos de Kraken es su escenario natural. Las montañas, las aguas profundas y el aislamiento de las pequeñas comunidades del Sognefjord contribuyen a crear una atmósfera inquietante.
El paisaje no funciona únicamente como telón de fondo: también representa una amenaza silenciosa. Bajo la belleza de las aguas se esconde un mundo desconocido, donde la oscuridad y la inmensidad permiten imaginar aquello que permanece fuera de nuestra vista.
El rodaje aprovechó locaciones alrededor del Sognefjord, en la costa occidental de Noruega, y se complementó con trabajo de estudio en Finlandia.
La fotografía de Sjur Aarthun juega con el contraste entre los paisajes abiertos y las secuencias submarinas, donde la visibilidad limitada se convierte en una herramienta para mantener al espectador en tensión.
Crear una criatura aterradora y fascinante
Dar vida a un monstruo de semejantes dimensiones representó uno de los mayores desafíos de la producción.
El diseño del Kraken tomó aproximadamente un año e incluyó investigación sobre los pulpos y el comportamiento de los cefalópodos. La intención de Øie era que sus movimientos y tentáculos resultaran creíbles, como si se tratara de un organismo real.
La producción recurrió a efectos visuales para construir a la criatura y transmitir su enorme tamaño, peso y capacidad destructiva.
Pero el director también apostó por un recurso clásico del terror: no mostrarlo todo desde el principio.
Durante buena parte de la película, el Kraken permanece parcialmente oculto. Primero aparecen las señales de su presencia; después, el misterio comienza a revelar sus dimensiones. La incertidumbre y la imaginación del público se convierten así en parte esencial de la experiencia.
Incluso los actores tuvieron que recurrir a su imaginación durante el rodaje, utilizando objetos como pelotas de tenis para representar elementos que posteriormente serían incorporados mediante efectos visuales.
Mucho más que una película de monstruos
Detrás de la amenaza sobrenatural, Kraken incorpora una reflexión sobre la relación entre los seres humanos y la naturaleza.
La historia conecta la aparición de la criatura con la actividad industrial, la acuicultura y las consecuencias de intervenir en ecosistemas cuyo funcionamiento todavía no comprendemos por completo.
La película plantea una pregunta inquietante: ¿qué sucede cuando intentamos controlar la naturaleza sin conocer realmente sus límites?
En ese sentido, el monstruo funciona como una representación de aquello que permanece fuera de nuestro dominio. La amenaza no surge únicamente de una leyenda antigua, sino también de la posibilidad de que las acciones humanas desencadenen consecuencias inesperadas.
Pål Øie lleva el terror a las profundidades
La dirección corre a cargo de Pål Øie, cineasta noruego conocido por sus trabajos en el thriller y el terror, entre ellos Villmark y The Tunnel.
En Kraken, el realizador combina su experiencia creando atmósferas de tensión y aislamiento con la escala de una producción de monstruos.
Su propuesta apuesta por construir el miedo gradualmente, aprovechando el entorno, el diseño sonoro y aquello que el público no alcanza a ver.
La película fue concebida como una experiencia para la pantalla grande, donde la oscuridad de las profundidades, el sonido y las dimensiones de la criatura puedan envolver al espectador.
¿Cuándo se estrena en México?
Con una duración de 82 minutos, la cinta reúne elementos de acción y thriller en una historia que recupera una de las criaturas más conocidas de la mitología marítima europea. Estreno 22 de octubre.





